"Otro elemento análogo que perseveró durante la década [1970] -y en años posteriores- fue el de que la población [de EE.UU.] estaba perdiendo el sentido de ciudadanía o de «comunidad» que tanto había engrandecido al país. Los pesimistas que así pensaban, herederos asimismo de una larga tradición, identificaban una serie de tendencias que respaldaban su teoría. La primera era, a su entender, el aumento de una conciencia de grupo estrecha de miras y expresada, sobre todo, mediante «intereses egocéntricos» que llevaban a quienes la practicaban a exigir mayores derechos. La revolución a que estaba dando lugar esta actitud, aun cuando beneficiaba a la nación en cierto sentido, también la estaba fragmentando. Los críticos preocupados de la integridad del concepto de comunidad ponían de relieve numerosas manifestaciones de la decadencia que denunciaban: la disminución del número de votantes y la participación política; el poder creciente de los grandes hipermercados, que estaban acabando con los pequeños comerciantes; la mercantilización, cada vez mayor, del espacio público, en especial mediante la expansión la expansión de gigantescos centros comerciales de capital privado; la propagación de anuncios dirigidos a segmentos concretos de mercado -como las campañas dedicadas a la «generación Pepsi»- y de tácticas de propaganda política concebidas para complacer a distritos electorales determinados, que no hacían sino agravar la desintegración del país, y en un plano más general, la insaciable avidez de placeres personales y consumo de bienes que parecían estar desarrollando los estadounidenses."
— El Gigante Inquieto. Estados Unidos de Nixon a G. W. Bush, pp.102-103, James T. Patterson, Crítica.
"La tolerancia hacia aquellos que difieren de otros en materia de religión es tan conforme al Evangelio de Jesucristo y a la razón genuina de la humanidad, que parece monstruoso que los hombres sean tan ciegos como para no percibir tan claramente la necesidad y ventaja de ello. No censuraré aquí la soberbia y la ambición de algunos ni el apasionamiento y poco caritativo celo de otros. Estos son defectos de los cuales difícilmente podrán liberarse los asuntos humanos; son de tal naturaleza que nadie querrá aceptar que les sean imputados, sin adornarlos de ostentosos colores y buscar así alabanzas, mientras que se dejan arrastrar por sus desordenadas pasiones. Pero, aun cuando algunos disfracen su espíritu de persecución y crueldad poco cristiana con el pretexto del bienestar público y de la observancia de las leyes, y otros pretendan que, con la excusa de la religión, queden impunes su libertinaje y licencias, estimo que nadie debe engañarse a sí mismo ni a los otros con razones de lealtad y obediencia al príncipe o de ternura y sinceridad hacie el culto de Dios; y considero que es necesario, por sobre todo, distinguir la esfera del gobierno civil de aquella de la religión y establecer los límites exactos entre una y otra. Si no se hace esto, jamás tendrán fin las controversias que surgen permanentemente entre los que tienen, o por lo menos, pretenden tener, por un lado, una preocupación por los intereses de las almas de los hombres, y por el otro, una preocupación por la comunidad."
— Carta sobre la tolerancia de John Locke en La Libertad Política en el pensamiento de los siglos XVII y XVIII (selección de textos), Joaquín Barceló p.111, Edición del Departamento de Economía de la Universidad de Chile.
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…en nuestra época contemporánea, el prestigio de la ciencia es de tal modo poderoso, que no es sorprendente que el positivismo a veces quiera sacar ventajas de su cercanía y admiración por ese modo de conocimiento. Más problemática es, sin embargo, la actual utiliación ideológica y política de la oposición ciencia/ideología: estamos bombardeados a diario por libros, artículos de prensa, comentarios de televisión, discursos de políticos, en los cuales ciertas posiciones ideológicas pretenden hacerse pasar por ciencia y están siempre bien representadas por los así llamados “expertos”. Esto pasa sobre todo en el campo de la economía. Hay algo irónico en el hecho de que para defender las tendencias neoliberales, sus seguidores deban recurrir a una concepción negativa de la ideología similar en parte a la que tenía Marx.
Pero esta es una estrategia para ocultar las propias bases ideológicas y hacerlas pasar por ciencia universalmente aceptada, aunque amenazada por los ideologismos de izquierda. De este modo la ideología, concebida a la manera positivista, pasa a ser un mero problema de desconocimiento, de ignorancia, de no estar al día, de simple error que le es imputado al adversario político, mientras la verdad y la ciencia están de parte del “experto”. De allí que pueda argumentarse que hay teorías de la ideología que pueden tener ellas mismas un caracter ideológico en cuanto ocultan los verdaderos intereses parciales que defienden detrás de su supuesta criticidad científica.
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— El Concepto de Ideología vol. 3, p.156, Jorge Larraín, LOM Ediciones.
"La salud de las democracias, cualesquiera que sean su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral. Todo lo demás es secundario. Si el régimen de comicios es acertado, si se ajusta a la realidad, todo va bien; si no, aunque el resto marche óptimamente, todo va mal. Roma, al comenzar el siglo I antes de Cristo, es omnipotente, rica, no tiene enemigos delante. Sin embargo, está a punto de fenecer porque se obstina en conservar un régimen electoral estúpido. Un régimen electoral es estúpido cuando es falso. Había que votar en la ciudad. Ya los ciudadanos del campo no podían asistir a los comicios. Pero mucho menos los que vivían repartidos por todo el mundo romano. Como las elecciones eran imposibles, hubo que falsificarlas, y los candidatos organizaban partidas de porra -con veteranos del ejercito, con atletas del circo- que se encargaban de romprer las urnas.
Sin el apoyo de auténtico sufragio las instituciones democráticas están en el aire. En el aire están las palabras. “La República no era más que una palabra”. La expresión es de César. Ninguna magistratura gozaba de autoridad. Los generales de la izquierda y de la derecha -Mario y Sila- se insolentaban en vacuas dictaduras que no llevaban a nada."
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La Rebelión de las Masas, pp.189-190, José Ortega y Gasset, Editorial Andrés Bello.
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"La misión del llamado “intelectual” es, en cierto modo, opuesta a la del político. La obra intelectual aspira, con frecuencia en vano, a aclarar un poco las cosas, mientras que la del político suele, por el contrario, consistir en confundirlas más de lo que estaban. Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas, en efecto, son formas de hemiplejía moral. Además, la persistencia de estos calificativos contribuye no poco a falsificar más aún la “realidad” del presente, ya fala de por sí, porque se ha rizado el rizo de las experiencias políticas a que responden, como lo demuestra el hecho de que hoy las derechas prometen revoluciones y las izquierdas proponen tiranías."
— La Rebelión de las Masas, Prólogo para los Franceses, p.38, José Ortega y Gasset, Editorial Andrés Bello.
"Permítanme añadir solamente que el reciente debate entre neoliberales económicos y sus críticos sobre el papel de las empresas públicas y del Estado, en principio, no es un debate específicamente marxista y ni siquiera socialista. Descansa en el intento desde la década de 1970 de trasladar una degeneración patológica del principio de laissez-faire a la realidad económica mediante el repliegue sistemático de los estados ante cualquier regulación o control de las actividades de empresas lucrativas. Este intento de transferir la sociedad humana al mercado (supuestamente) autocontrolado que maximiza la riqueza e incluso el bienestar, poblado (supuestamente) por actores en busca de sus propios intereses, no tenía precedente en ninguna fase anterior del desarrollo capitalista en ninguna economía desarrollada, ni siquiera en EE.UU. Era una reductio ad absurdum de lo que sus ideólogos leyeron en Adam Smith, igual que lo era la equivalente economía dirigida extremista de la URSS planificada al cien por ciento por el Estado de lo que los bolcheviques leyeron en Marx.No es de sorprender que este “fundamentalismo de mercado”, más cercano a la ideología que a la realidad económica, también fracase."
— Cómo Cambiar el Mundo, p.20, Eric Hobsbawm, Editorial Paidos/Crítica
"But at my back I always hear
Time´s winged chariot hurrying near;
And yonder all before us lie
Deserts of vast eternity.
Thy beauty shall no more be found,
Nor, in thy marble vault, shall sound
My echoing song: then worms shall try
That long preserved virginity,
And your quaint honor turn to dust,
And into ashes all my lust:
The grave´s a fine and private place,
But none, I think, do there embrace."
— Fragmento de To His Coy Mistress de Andrew Marvell leído en Poemas y Poetas Clásicos Ingleses. De Geoffrey Chaucer a Dylan Thomas, p.152, Antología de Rodolfo Rojo, Editorial Cuarto Propio.
"El capital, que tiene tan “buenas razones” para negar los sufrimientos de la generación obrera que lo rodea, no se siente limitado en sus movimientos prácticos ante la perspetiva de que en el futuro la humanidad se pudra"
— El Capital, Crítica de la economía política. Tomo 1, Libro 1. Proceso de Producción del capital, p.272, Karl Marx, LOM Ediciones.